Si nunca has cotizado contabilidad para tu empresa, la primera sorpresa es que nadie te da un precio por teléfono. Te piden reunirse, revisar papeles, “ver el movimiento”. Y con razón: el honorario depende de cosas concretas que hay que mirar antes. Pero esa falta de referencias deja al dueño de empresa sin saber si lo que le están cobrando es caro, barato o justo.
Este artículo explica qué determina el precio, qué debería incluir el servicio y qué conviene preguntar antes de firmar.
De qué depende el honorario
Tres factores explican casi toda la diferencia entre una cotización y otra.
El volumen de documentos. Es el que más pesa. No es lo mismo una empresa que emite quince facturas al mes que una que emite cuatrocientas. Cada documento hay que clasificarlo, registrarlo y cuadrarlo, y ese trabajo crece de forma directa con el volumen.
La cantidad de trabajadores en remuneraciones. Cada trabajador implica liquidación mensual, cotizaciones, vacaciones, licencias y eventuales finiquitos. Una empresa con cuarenta trabajadores exige mucho más que una con cinco, aunque facturen lo mismo.
El régimen tributario y el rubro. Una empresa en régimen Pro Pyme transparente tiene obligaciones distintas a una en régimen general. Y hay rubros con reglas propias: agroindustria con temporeros y contratos por faena, transporte con flota y leasing, importadoras con IVA de internación. Eso agrega trabajo que no aparece en una contabilidad estándar.
Qué debería incluir el servicio mensual
Antes de comparar precios, compara qué está incluido. Es donde suelen estar las diferencias reales:
- Registro de compras y ventas
- Declaración mensual del F29
- Liquidaciones de remuneraciones y pago de cotizaciones en Previred
- Libros contables al día
- Balance y estado de resultados anual
- Operación Renta
- Atención de requerimientos del Servicio de Impuestos Internos
Lo que suele quedar fuera y conviene preguntar: la regularización de años anteriores, la confección de contratos y finiquitos, las declaraciones juradas anuales, y la representación si llega una fiscalización.
Rangos de referencia
[Aquí va tu rango real, por tramos. Por ejemplo: empresas de hasta N trabajadores y hasta N documentos mensuales, desde $X; empresas medianas, desde $Y.]
Desconfía de dos extremos. De quien te da un precio sin haber visto nada, porque lo va a ajustar después o va a entregar un servicio incompleto. Y del que cobra muy por debajo del mercado, porque eso normalmente significa un contador con demasiadas empresas a cargo, que va a responder tarde y va a cumplir plazos a última hora.
Qué preguntar antes de contratar
¿Quién va a atender mi empresa y cómo lo contacto? En muchas oficinas cotiza el socio y atiende un asistente. No es malo en sí, pero conviene saberlo.
¿En cuánto tiempo responden una consulta? Un compromiso por escrito vale más que cualquier promesa de buena atención.
¿Qué información me van a entregar cada mes? Si la respuesta es “el F29”, estás comprando cumplimiento, no gestión. Un buen servicio te dice además cómo va tu empresa.
¿Qué pasa con la contabilidad de años anteriores? Si vienes de otro contador y hay cosas pendientes, más vale saber desde el principio qué se va a hacer con eso y cuánto cuesta.
¿Se hacen cargo del traspaso? Pedirle los papeles al contador anterior es la parte más incómoda de cambiarse. Que lo haga el estudio nuevo cambia la experiencia por completo.
Una última cosa
El error más caro no es elegir un contador caro. Es elegir uno que no te avise a tiempo. Una declaración fuera de plazo, un finiquito mal calculado o una fiscalización mal respondida cuestan mucho más que la diferencia entre dos honorarios mensuales.
